Los diamantes que no quieren que compres

Adaptarse o morir

El mundo siempre ha sido un escenario cambiante, donde adaptarse fue siempre la clave para la supervivencia. A raíz de esta triple crisis (sanitaria, económica y social) que nos está azotando con gran dureza, los esquemas de muchas joyerías se han visto tocados obligándolas a digitalizar su negocio.

Siendo un espectador más de este cambio, he visto a muchos subirse al carro de la creación de su propia tienda online de manera desesperada, como si eso fuera la panacea a todos los problemas que habían ido acumulando a lo largo de estos años, pero acentuados con la presente crisis.

Lo que mucha gente desconoce es que lanzar una tienda online no te hará vender nada más lanzarla, sino que puede que pasen meses y no hayas vendido nada. ¿El problema según muchos de los que fracasan en esta aventura? Que el sector está parado y no te compra nadie.

Puedo entender que el sector no esté pasando por sus mejores momentos, pero realmente ¿Crees que sea únicamente por eso? ¿No crees que haya algo de culpa en no dedicarle los esfuerzos y tiempo necesarios para que tu tienda online triunfe? Para que lo entiendas te daré una explicación más gráfica.

isla desierta

Imagínate la zona menos accesible de nuestro planeta donde no llegan aviones, coches, barcos ni gente andando. Nada más lanzar tu tienda online, a no ser que seas mediamente conocido, ahí es donde se ubicará. Y la única forma de que salgas de esta zona hasta una zona más transitada, como la plaza mayor de tu ciudad, es dedicándole un inmenso trabajo a tu tienda online.

No sé si me vas entendiendo, pero estarás de acuerdo que no es lo mismo en términos de ventas tener una tienda en un refugio dejado de la mano de Dios que en plena milla de oro de Madrid.

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Además de esto, vengo observando que en muchas de estas tiendas online de nueva creación se viene incorporando el diamante de laboratorio en las colecciones de joyas. Esto no sería un problema si no lo comercializaran bajo un término que a mi juicio es tremendamente despectivo:

Diamante “sintético”

diamante-laboratorio-no-ecologico

Si aún no conoces qué es un diamante de laboratorio, para un momento a echar un vistazo al post «diamantes naturales vs. diamantes sintéticos» para saber de qué te voy a hablar ahora.

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El diamante de laboratorio no es algo nuevo para los que estamos metidos en el mundo de la joyería. Es algo que llevamos escuchando desde hace muchos años. Un logro que si no fuera por los otros usos industriales del diamante no habría visto la luz.

Para entender este problema tenemos que identificar su origen, así que vayamos con él. El calificativo “sintético” viene a raíz del temor de la industria del diamante minado (es decir, todos los agentes económicos que giran alrededor del diamante natural como son por ejemplo las empresas mineras que extraen diamantes bajo tierra y los proveedores de diamantes naturales) frente a este nuevo competidor. Cuando el diamante de laboratorio vio la luz, la única forma que encontraron para condenar la comercialización del diamante de laboratorio era darle una connotación negativa que afectara a la percepción del consumidor hacia esta forma de producir diamantes. Y así nació el término “sintético” que suena en boca de todos.

Pero, ¿Cuál es el problema de llamarlo así?

Para que veas el conflicto que puede generar la palabra “sintético” te haré una pregunta: ¿Qué te parece de peor calidad? ¿Un abrigo de piel natural o un abrigo de piel sintética?

¿El de piel sintética verdad? Es por eso que todo objeto que lleva la palabra sintético, en vez de verlo como una alternativa lo vemos como algo de peor calidad, cuando no tiene por qué ser así.

Ahora bien, si te digo: ¿Qué te parece de peor calidad, un árbol que ha nacido en el bosque o un árbol que se ha plantado en un vivero?

En este caso lo verías igual, ¿no? Se trata de árboles que han nacido de una semilla y crecido en la tierra, con la única diferencia de que los del vivero han estado bajo la supervisión y cuidado de la mano del hombre, pero la materia prima (semilla, abono, riego…) es el mismo que en un bosque u otra zona natural. Pues lo mismo ocurre con los diamantes: tienen la misma composición química, las mismas propiedades físicas y una estructura cristalina idéntica a su contraparte natural. En definitiva, la única diferencia que hay entre ellos es que uno se forma de manera natural y otro en un laboratorio recreando esas condiciones naturales.

Algunos pensarán que no tienen por qué llamarlo de otra manera, ya que las distintas normas que emanan de distintos organismos lo permiten. Pero me gustaría recordar a esos profesionales que, cuando uno trata de vender, no tienen que desprestigiar el producto que vende, sino darle el valor y nomenclatura que realmente le hace justicia.

Yo también fui de los que lo llamaban erróneamente así, hasta que me puse a analizar todo esto y decidí negarme a llamarlos diamantes sintéticos.

Lo que está claro es que el diamante de laboratorio ha venido para quedarse y que de cara al futuro, poco a poco, cobrará más importancia por dos motivos:

Motivo #1

La concienciación medioambiental y social cada vez está más presente en los consumidores. La prueba la tenemos en cómo venden sus productos grandes firmas como Chopard y su oro “fairmined”.

Motivo #2

La sensibilidad al precio de muchos consumidores; porque al final el que luce una joya sabe realmente lo que está luciendo (diamante natural o diamante de laboratorio).

Si eres joyero, tendero u otro agente económico perteneciente a este sector, el diamante de laboratorio no tiene por qué asustarte, ya que se trata de una alternativa con mucho potencial y que te abrirá las puertas hacia nuevos clientes.

Consejo a la hora de comprar un diamante:

Como cliente te aconsejamos que cuando adquieras un diamante de un cierto tamaño, solicites la entrega de un certificado emitido por un laboratorio gemológico de prestigio (GIA, IGI o HRD) para asegurarte de que lo que estás comprando es un diamante natural o de laboratorio.

Llegado a este punto del artículo igual te estarás preguntando como deberías llamarlo. Te sugiero que lo llames…

Diamante de laboratorio o diamante crecido en laboratorio

Aunque no soy quien para imponerte cómo has de nombrar las cosas, sí te pediría que pienses en lo siguiente dependiendo de si eres un cliente particular o un profesional:

Si eres un profesional, tarde o temprano vas a tener que venderlos porque la demanda manda. ¿Crees que creando durante años esta percepción falsa de mala calidad en el cliente te será fácil vender un diamante de laboratorio? Lo único que estamos consiguiendo es que el objetivo de la industria del diamante minado salga victoriosa y el día de mañana la alternativa del diamante de laboratorio que le puedas ofrecer a tu cliente sea rechazada.

Si eres un particular, las alternativas a la hora de realizar una compra siempre es un escenario favorecedor ya que muchas veces puedes adquirir un artículo idéntico por menos dinero como en el caso de los diamantes de laboratorio. ¿Qué pasaría si te involucraras en este juego de descalificación? Que los joyeros no tendrían clientes interesados en estos diamantes, haciendo ver este producto como no rentable para comercializarlos y lo peor de todo es que perderías esta alternativa y un sustancial ahorro.

Llamarlo sintético o no es algo que ya dejo en tus manos.

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